domingo, 27 de marzo de 2011

Suspenso y sorpresa

Al llegar ella ve a su abuela encerrada en el closet, se notaba que ya hace varios días estaba ahí. Vestía un camisón negro y andaba descalza, su rostro era llanto, sus ojos agua, su larga cabellera blanca descendía sutilmente por su cuerpo retorcido, ella la toca y estaba fría. Su abuela le dice que ya no quería saber más de la vida, que su alma divagaba por los cielos ajenos de esos que se hacen llamar reinos. Sentir miedo seria poco, mil incógnitas que pronto se resolverían en esa casa donde antes se pudo respirar calidez. Ella va por agua, su accionar era justificado por la inercia, pero que importaba en esos momentos, era todo tan vano como el ladrido incesante de los perros. Se acerca a una de las ventanas, de ahí se podía observar ese hermoso árbol donde tenían esas largas tarde familiares, llenas de risas, de abrazos, de esos recuerdos que luego te llamaban a volver al mismo lugar en busca de esas mismas personas, de esos abrazos y de esas risas. Con la diferencia de que estaba vez la imagen de ese árbol cálido se desfiguraría por completo, ya que esa gran mesa  bajo la sombra llena de colores, olores y sabores se simplificaría a unas débiles y delgadas piernas, unos grandes zapatos gastados y sin cordones. Ella vio todo con más claridad, sus manos se apuñaron y su pecho se contrajo, su rostro se azotó contra la adversidad de la pena, pero no hubo tiempo de llorar y lamentarse. Corrió hasta la habitación donde se encontraba su abuela aun con un rostro desorbitado y destruido, la saca de ese encierro asfixiante para asearla, vestirla y luego maquillarla. La abuela ya lista, teñida de negro respira profundamente, toma el brazo de su nieta y se dirigen lentamente al árbol caído en busca del cuerpo de su marido.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Pájaros muertos


En busca de algo y no saber que, quizás nunca haber sentido que pertenecías a alguien o a algo, quizás porque sientes ahora que tienes los pies incrustados en tierra ajena. Sentir constantemente esas ganas de escapar con el fin de de volar, nadie sabe donde, solo impedir que esto comience a asfixiar. La soledad abunda, el cuerpo cae, mi mente desaparece. Ahora solo queda correr y gritar sobre las praderas en busca de, nose.

Descripción

Con 19 años Karen es la mayor de tres hermanos de la familia Monsalves Donoso, personas muy convencionales que caen en tradiciones cristianas y adoctrinadas. Ella ríe, siempre ríe aunque sus padres nunca lo hagan.
Su aspecto es algo ligero, a veces descuidado, fresco y bello. Camina todo el tiempo como si estuviese danzando, también es fácil notar en su forma de hablar que es frágil y desconfiada de ella misma y de la vida, del futuro quizás o también insegura de como caminar en el presente. Todo el tiempo soñadora, a veces cuando ha suspendido el habla me interrogo en que lugar andará su cuerpo guiado por su mente, tal vez bailando sobre campos de lirios, su flor favorita.

Cartas, un beso & una muerte

Creo que todo comenzó cuando Alfredo mi furuto padre regreso del servicio militar. Después de una larga e intensa comunicación por carta, alfin podría tocar las manos y sentir el excitante perfume de Mafalda. Luego de una increíble y larga jornada de primavera, Alfredo observando como Mafalda jugaba con los colores en las blancas telas sobre el atril, pestañeo y no aguanto más, se acerca y la besa, la vuelve a besar, pestañea y se encuentra sobre su cuerpo planeando sobre su piel, de ahí germiné.
Luego con el tiempo Alfredo continuo siendo un responsable obrero y Mafalda mi futura madre una gran artista visual. Pasaron los meses, era hora de salir después de tanto tiempo en ese lugar, la pecera. Comencé a ver la luz, a los segundos veía gris, al minuto me asfixie, morí y deje brevemente de existir. Mis padres dejaron de serlo y siguieron llamándose Alfredo y Mafalda, creo que no se volvieron a ver.